Cuando los equipos de seguridad se convierten en equipos que lo abarcan todo 

El equipo de Trackforce

Trackforce

25 de marzo de 2026 · 8 minutos de lectura

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Cuando los equipos de seguridad se convierten en equipos que lo abarcan todo 

Si hace diez años le hubieras pedido a un profesional de la seguridad que describiera su trabajo, probablemente te habría hablado del control de accesos, la respuesta ante incidentes y la protección de las personas. Si le hicieras esa misma pregunta hoy, es posible que te hablara de auditorías de cumplimiento normativo medioambiental, planes de continuidad del negocio, protocolos de seguridad informática, gestión de instalaciones y, como siempre, la protección de las personas.

Esto supone la aparición de la figura del profesional multidisciplinar de la seguridad, en la que los límites tradicionales de la seguridad física se han disuelto para dar paso a algo mucho más complejo, estratégico y exigente.

El universo cada vez más amplio de las responsabilidades en materia de seguridad

Según el Informe de referencia sobre operaciones de seguridad física de 2025 de Trackforce, a los equipos de seguridad de las grandes empresas se les está pidiendo que asuman responsabilidades que, hace tan solo unos años, habrían parecido ajenas a su función. Los datos revelan una tendencia llamativa: el 64 % de los equipos de seguridad se encarga ahora de tareas relacionadas con la salud y la seguridad, mientras que el 51 % ha asumido funciones de gestión de instalaciones. Otro 33 % se encarga del cumplimiento de la normativa medioambiental, y en el 36 % de las organizaciones se ha asignado a los equipos de seguridad la planificación de la continuidad del negocio.

Y lo que es más significativo, el 12 % de los encuestados afirma que sus equipos de seguridad se están encargando de todas estas responsabilidades ampliadas. Esto supone una transformación completa, pasando de ser una función de seguridad especializada a convertirse en un centro de mando operativo.

Este cambio no se debe simplemente a una ampliación del alcance. Representa una replanteamiento fundamental de lo que significa la seguridad en las organizaciones modernas. El equipo de seguridad física, que antes se consideraba un centro de costes centrado exclusivamente en la prevención de robos y la gestión de accesos, está evolucionando hasta convertirse en un centro operativo estratégico que abarca prácticamente todos los aspectos del funcionamiento de una empresa y de su protección.

La lógica que subyace a la ampliación de las obligaciones en materia de seguridad

Esta ampliación sigue una cierta lógica operativa si se tiene en cuenta el hilo conductor que une estas diversas responsabilidades. Los equipos de seguridad ya trabajan las 24 horas del día. Ya se centran en el riesgo, el cumplimiento normativo y la respuesta ante incidentes. Mantienen relaciones con todos los departamentos y tienen acceso a la mayoría de los sistemas físicos y digitales. Son la única función que realmente tiene una visión global de toda la organización desde la perspectiva del riesgo y la continuidad operativa.

Cuando comenzó la pandemia de COVID-19, muchas organizaciones se dieron cuenta de que sus equipos de seguridad eran la opción más lógica para coordinar las actividades de respuesta a la pandemia, entre las que se incluían los controles sanitarios, la gestión de la capacidad, el rastreo de contactos y las modificaciones en las instalaciones. Esa experiencia aceleró una tendencia que ya estaba en marcha: los directivos reconocieron que los equipos de seguridad contaban con capacidades únicas que iban mucho más allá de su mandato tradicional.

La planificación de la continuidad del negocio es un buen ejemplo de este patrón. Los equipos que ya gestionan situaciones de crisis están bien preparados para coordinar los procedimientos de respuesta ante emergencias. La gestión de instalaciones presenta un solapamiento evidente con el control de accesos físicos y el funcionamiento de los edificios. El cumplimiento de la normativa medioambiental suele estar relacionado con la seguridad de las instalaciones y los sistemas de vigilancia.

El resultado es una función de seguridad que, cada vez más, actúa como una capacidad versátil e imprescindible, capaz de hacer frente a diversos retos organizativos.

La brecha de confianza en la convergencia ciberfísica

Sin embargo, el hecho de que se les asignen más responsabilidades no significa automáticamente que los equipos se sientan suficientemente preparados para asumirlas todas con la misma eficacia.

Los datos de referencia revelan una brecha significativa en cuanto a la confianza. Mientras que el 39 % de los equipos de seguridad de las empresas se muestran confiados a la hora de gestionar los accesos no autorizados y las amenazas internas, y el 34 % manifiestan una confianza similar respecto a la seguridad del personal y la violencia en el lugar de trabajo, solo el 28 % indican tener una gran confianza a la hora de hacer frente a los ataques ciberfísicos. Se trata de situaciones en las que los incidentes digitales afectan a los sistemas de seguridad física, o en las que las brechas físicas comprometen la infraestructura digital.

Esta brecha resulta especialmente preocupante si se tiene en cuenta que, en la actualidad, el 31 % de los equipos de seguridad tienen responsabilidades de seguridad informática añadidas a sus funciones. La convergencia entre los riesgos físicos y cibernéticos se está acelerando a un ritmo superior al que muchos equipos pueden adaptarse. Los controles de acceso basados en el IoT, los sistemas de vigilancia gestionados en la nube y los sistemas de gestión de edificios conectados a la red han difuminado las fronteras entre los ámbitos de seguridad tradicionales. Sin embargo, muchos equipos siguen operando con un conjunto de competencias, herramientas y estructuras organizativas diseñadas para un entorno operativo anterior y más sencillo.

Transformación en la primera línea

Esta evolución multidisciplinar va más allá del liderazgo en materia de seguridad para redefinir las funciones en todos los niveles de la organización. El agente de seguridad moderno ya no se limita a estar presente en su puesto. Equipados con tecnología móvil, se espera que los agentes realicen inspecciones de seguridad, documenten los problemas de cumplimiento normativo medioambiental, coordinen las solicitudes de mantenimiento de las instalaciones y actúen como primeros intervinientes en situaciones que van desde emergencias médicas hasta fallos en los sistemas informáticos.

Las empresas de servicios están experimentando este cambio de forma muy intensa. A los guardias que contratan, forman y destinan se les pide que actúen como generalistas con conocimientos tecnológicos, en lugar de como centinelas especializados. Esto requiere diferentes enfoques de formación, diferentes herramientas tecnológicas y diferentes perfiles de candidatos. La descripción del puesto de agente de seguridad en 2025 difiere radicalmente de lo que era en 2015.

El reto de la sostenibilidad

El reto fundamental radica en el carácter limitado de la capacidad humana. Los equipos de seguridad, que deben ocuparse de aspectos como la salud y la seguridad, las instalaciones, las tecnologías de la información, el cumplimiento normativo y las tareas tradicionales de seguridad, se enfrentan a un riesgo real de agotamiento. Cuando los equipos son responsables de todo, resulta difícil mantener un nivel de excelencia auténtico en cualquier ámbito concreto.

Las organizaciones están empezando a reconocer que limitarse a asignar responsabilidades adicionales a los equipos de seguridad sin proporcionarles la infraestructura tecnológica adecuada, recursos adicionales o una optimización de los procesos genera una situación insostenible. Los equipos que se encargan de elaborar informes de cumplimiento de forma manual, gestionan sistemas desconectados entre sí y responden a falsas alarmas recurrentes no pueden llevar a cabo al mismo tiempo iniciativas estratégicas relacionadas con la continuidad del negocio o la gestión de riesgos ciberfísicos.

Las organizaciones más innovadoras están adoptando un enfoque diferente. En lugar de limitarse a ampliar el ámbito de actuación de la seguridad, están invirtiendo en las herramientas, la integración y la automatización necesarias para que esa función ampliada sea sostenible. Están eliminando los silos entre la seguridad física, las tecnologías de la información, las instalaciones y otras funciones. Reconocen que, para que la seguridad pueda actuar como columna vertebral operativa, requiere un apoyo a nivel de infraestructura.

El camino a seguir para las funciones de seguridad multidisciplinares

El profesional de la seguridad multidisciplinar representa una evolución constante en la estructura organizativa. Las organizaciones han descubierto el valor de una función capaz de abarcar distintos ámbitos, responder a amenazas diversas y coordinar retos operativos complejos. La cuestión no es si los equipos de seguridad seguirán asumiendo estas responsabilidades ampliadas, sino más bien si las organizaciones les proporcionarán lo necesario para llevarlas a cabo de manera eficaz.

Esto requiere plataformas unificadas que eliminen la fragmentación de los sistemas. Exige una automatización que libere a los equipos de las cargas administrativas manuales. Requiere una formación que desarrolle competencias en los ámbitos físico, cibernético y operativo. Y, quizás lo más importante, exige estructuras organizativas que reconozcan la seguridad como una función estratégica, en lugar de como una cuestión táctica secundaria.

El profesional de la seguridad que gestiona múltiples disciplinas no se está convirtiendo en un generalista con conocimientos superficiales. Cuando cuenta con el apoyo adecuado, se convierte en un experto en integración, actuando como el tejido conectivo que mantiene unidas las operaciones modernas. Las organizaciones que reconozcan esta distinción e inviertan en consecuencia estarán mejor posicionadas para gestionar el panorama de riesgos cada vez más complejo que caracteriza las operaciones empresariales actuales.

¿Cómo gestionan en la práctica los equipos de seguridad este mandato ampliado? ¿Qué tecnologías y estrategias están demostrando ser eficaces? El informe completo «2025 Physical Security Operations Benchmark Report» incluye datos detallados sobre cómo los equipos de seguridad de las empresas están equilibrando múltiples responsabilidades, dónde se encuentran sus carencias en materia de confianza y qué herramientas les están ayudando a gestionar la complejidad operativa. Descarga el informe completo para ver cómo se sitúa tu organización y descubrir qué está funcionando para los equipos que se enfrentan a esta evolución multidisciplinar.

Preguntas frecuentes

Los equipos de seguridad se encargan cada vez más de gestionar programas de salud y seguridad (el 64 % de las organizaciones), la gestión de instalaciones (el 51 %), la planificación de la continuidad del negocio (el 36 %), el cumplimiento de la normativa medioambiental (el 33 %) y las responsabilidades en materia de seguridad informática (el 31 %). Esto supone una ampliación significativa con respecto a las funciones tradicionales de control de acceso y respuesta ante incidentes, lo que transforma la seguridad en un centro operativo multidisciplinar.

Los equipos de seguridad cuentan con ventajas organizativas únicas que los hacen idóneos para asumir funciones más amplias. Operan las 24 horas del día, los 7 días de la semana, mantienen relaciones con todos los departamentos, tienen acceso a los sistemas físicos y digitales, y ya se centran en la gestión de riesgos y la respuesta ante incidentes. Su visión global de las operaciones de la organización y sus capacidades existentes en materia de gestión de crisis los convierten en los coordinadores lógicos para funciones como la planificación de la continuidad del negocio y la gestión de instalaciones.

La brecha de seguridad ciberfísica se refiere a la falta de confianza que experimentan los equipos de seguridad a la hora de gestionar amenazas que abarcan tanto el ámbito digital como el físico. Mientras que el 39 % de los equipos se siente seguro a la hora de gestionar amenazas físicas tradicionales, como el acceso no autorizado, solo el 28 % expresa una gran confianza a la hora de hacer frente a ataques ciberfísicos en los que los incidentes digitales afectan a los sistemas de seguridad física o viceversa. Esta brecha va en aumento a medida que los dispositivos del Internet de las cosas (IoT), la vigilancia gestionada en la nube y los sistemas de edificios conectados a la red difuminan los límites tradicionales de la seguridad.

Los agentes de seguridad actuales están pasando de ser centinelas especializados a generalistas dotados de tecnología. Ahora se espera de ellos que realicen inspecciones de seguridad, documenten cuestiones relacionadas con el cumplimiento de la normativa medioambiental, coordinen el mantenimiento de las instalaciones y respondan a diversas emergencias que van más allá de los incidentes de seguridad tradicionales. Esto requiere una formación diferente, herramientas tecnológicas móviles y un conjunto de habilidades más amplio que el de las generaciones anteriores de personal de seguridad.

Las organizaciones que gestionan con éxito los requisitos de seguridad cada vez más exigentes están invirtiendo en plataformas unificadas que eliminan la fragmentación de los sistemas, en herramientas de automatización que reducen las cargas administrativas manuales y en soluciones integradas que conectan las funciones de seguridad física, TI, instalaciones y cumplimiento normativo. La tecnología móvil para el personal de primera línea, los paneles de control centralizados para los responsables y la generación automatizada de informes de cumplimiento normativo están resultando especialmente valiosos para los equipos que deben compaginar múltiples disciplinas.

Los equipos de seguridad que deben asumir demasiadas responsabilidades sin contar con los recursos, la tecnología ni la optimización de procesos adecuados se enfrentan a un riesgo significativo de agotamiento. Cuando los equipos dedican demasiado tiempo a la elaboración manual de informes de cumplimiento, utilizan sistemas inconexos o carecen de formación en nuevos ámbitos como la seguridad ciberfísica, su eficacia en todas las áreas se ve mermada. Esto puede comprometer tanto las funciones de seguridad tradicionales como las nuevas responsabilidades, lo que, en última instancia, aumenta el riesgo de la organización en lugar de reducirlo.